Categoría: Elucubraciones

Todo es mentira

Hoy me ha pasado algo curioso. Estaba yo estudianto mientras escuchaba la radio. De repente la música ha parado durante menos de un segundo. He mirado instintivamente la pared que tenía en frente, ha vuelto la música y cuando he bajado la vista la mesa parecía tener más resolución y mejor definicion de los colores. Una de dos, o es un efecto óptico o nuestros benefactores han actualizado el software del universo. Curioso.

Bueno, más allá de esta chorrada decir que si no escribimos absolutamente nada es porque estamos de lleno en período de exámenes, detalle que se nos pasó anunciar, creo. Pues eso, que me voy a descansar al sofá mientras el siguiente examen se acerca inexorablemete (que no inoxidablemente, o igual también)

…ya está tío, minientrada de relleno y a rodar… ¡si es que somos unos bloggers cojonudos!

El miedo

Publico a continuación un texto que escribió un lector de éste blog, Andreu, en su parcial o totalmente abandonado blog. La verdad es que es bastante bueno y aunque tenga más de un año de antiguedad, es un tema de gran interés. Bueno, disfrutad de la lectura ;).

He leido un blog de un chico donde exponía todas las acciones que él y su grupo hacen. Nos cuenta sus hazañas con las chicas, sus salidas a discotecas, el tunning de su “tanke” y lo que es peor de todo, todos los “delitos” que hace.

Comentaba el robo de un quad. Paliza al dueño y a hacerse fotos con el quad. Cuenta que le enseña a su primo a robar videoconsolas y una de sus “batallitas”. Me ha llamado la atención un robo de una PSP. La nueva Play Station que salió el pásado día 1 de septiembre. Me ha dado rabia, y he sufrido una especie de impotencia, porqué en mi pueblo también somos acosados por diferentes grupos, no tan “radicales” pero la sensación de acoso está presente.

Vas por la calle pensando en tus cosas. Te han regalado un móvil nuevo y no puedes ir con él paseando porqué si lo ven intentan robártelo. Ciertas zonas del pueblo hay que pasarlas caminando muy deprisa para evitar estar mucho tiempo y siempre mirando hacia atrás. Vas con tensión y si te viene alguien de cara no lo miras a la cara por miedo a que se piense que lo estás bacilando. Ellos huelen el miedo y van a ti, más te vale ser precavido y consciente de tus actos. Vas rezando de no encontrarte con ninguno de ellos, pero das la vuelta a la esquina y te encuentras con tres de ellos, los ves como te miran como si fueran los animales que ya han encontrado su presa. Si te niegas te pegan una paliza y te lo quitan (y a la próxima vuelves), y si no opones resistencia se van a aprovechar de tí en el futuro. Ya no sales a la calle tranquilo, ya vas pensando en todo y muy atento. Ya no disfrutas de la vida por culpa de un descerebrado que se piensa que lo que ha hecho está muy bien y que puede alardear de ello.

No sé que clase de mentalidad tienen. Pero futuro de la vida poco poco. Sólo piensan en ser respetados y amenazar. Protegerse entre ellos. Con la de problemas que tiene el mundo nos faltaban estos. Bandas callejeras que tratan de hacer imposible la vida a los demás. ¿Por qué? Que alguien de ellos venga a explicármelo porqué de verdad no lo entiendo. ¿Se puede estar sentado, tomando algo y charlando con ellos para que te den los argumentos? ¿Se les puede abirr los ojos para que se den cuenta de que lo que hacen no va a ninguna parte? Yo creo que habrá gente para todo. Gente más agresiva y gente con la que puedas hablar.

Hay que ir con cuidado, pero que se les meta en la cabeza que sería de ellos si nos juntáramos todos los que sufrimos y les hicieramos frente. Recibirían jarabe de su mismo palo. Lo que pasa es que saben que eso no va a ocurrir porqué ellos son la ley, hacen lo que quieren y nadie va a revolucionarse contra ellos por miedo.

Perdón por algunas faltas de otrografía que habrá a lo largo del texto. No suelo escribir en castellano.

Un saludo!

Aleatoriedad o Voluntad

Bueno, mientras espero a que yoigo me llame para confirmar la entrega de mi nuevo teléfono móvil asociado a un contrato mensual por 18 meses con XFERA-YOIGO (en adelante, «El Paquete») puedo pasar el rato escribiendo lo que pasa por mi cabeza, así que aquí va (y que conste que lo escribo sobre la marcha) la segunda parte de el artículo anterior sobre la aleatoriedad.

Habíamos hablado sobre la existencia o no de la aleatoriedad en la física. Sin embargo, todo esto parece muy alejado de nuestra vida cotidiana. Parece que nos regimos por nuestra voluntad. Los sucesos suelen tener incluso un motivo, pueden ser generados por seres vivos con motivaciones por tanto. ¿Pero hasta qué nivel es esto real?

Me explico: no podemos demostrar que poseemos libre albedrío, así de simple. Por tanto podemos, dentro de una visión más física y estricta del tema, definir dos posibilidades: mecanicista y aleatoria.
En la primera todo es tremendamente simple (y triste, en cierto modo). Podemos considerar nuestro organismo, cerebro incluido y por tanto voluntad incluida, como una extremadamente compleja máquina. Si suponemos la no existencia de la aleatoriedad, todo se reduce a unos seres autómatas cuyo diseño, condiciones iniciales y condiciones ambientales definen todo el comportamiento posible. Realmente no pensamos porque lo decidamos así. No somos más que máquinas con un engranaje tal que nos llevan, inexorablemente, a hacer exactamente lo que hacemos.

Parece algo inaceptable. Pero un análisis exhaustivo concluye que si bien no queremos que sea así, no podemos demostrar lo contrario. El demostrar o no este caso puede estar también (de hecho lo estaría) por el citado mecanicismo inevitable.

La segunda opción que he mencionado es la aleatoria. En cursiva porque hace falta matizarla un poco. Podemos considerar que en todas nuestras acciones fundamentales existe una indeterminación (consideramos aleatoriedad real en la física), una «tirada probabilística» en la que se va decidiendo cómo el cuerpo actuará en el siguiente instante. Así, si yo estoy escribiendo es simplemente porque, entre una serie de posibilidades probabilísticas dadas por las condiciones iniciales de mi sistema, ha «salido» escribir esto. No deja de ser una hipótesis algo macabra. Seres que actuan con total aleatoriedad (cabe matizar que no es realmente total, sino que viene determinada por las posibilidades que siene el sujeto). Aun así, tiene una ventaja moral respecto a una visión mecanicista: si esto es así, no puede determinarse con certeza la evolución de un sistema complejo conociendo los parámetros iniciales. Aunque esto no ayuda mucho.

Y finalmente, dejando el tema de aleatoriedad o no, cabe la posibilidad de una Voluntad real, mayúscula. Tanto si la atribuimos a la existencia del alma, a la complejidad tal de nuestras mentes o a cualquier cosa, siempre es una posibilidad que está ahí. Y, aunque en principio indemostrable, es en la que sin duda nos sentimos más cómodos.

Bueno, esto es todo. Si alguien se lo ha leído entero, vaya aguante, porque debe ser un coñazo terrible. En cualquier caso no era de esto exactamente de lo que pensaba escribir sino que estas líneas son en producto de reflexionar un poco acerca de una conversación que tuve con Bloodshadow aquí presente (entre los usuarios). Así que igual os toca tragar con otro tocho de lo que me queda por ahí guardado :p

Rand(): Aleatoriedad

La mayoría (como buenos atrapados de la blogocosa) habréis leído hace poco una anotación en Microsiervos sobre la aleatoriedad. No es que me apetezca plagiarlo, simplemente me ha recordado mis meditaciones al respecto. Porque el tema de la aleatoriedad es, sin duda, uno de esos fascinantes aspectos cuasi-metafísicos de la vida y por tanto es digno de ser estudiado y tratado. Entramos en materia:

Todos podemos considerar sucesos “aleatorios”. Lanzamos un dado en cualquier juego de mesa y suponemos aleatoriedad en ello. Nos cae una moneda y suponemos aleatoriedad al ver la posición final. Se desintegra un núcleo atómico y vemos aleatoriedad en el tiempo. Pero, ¿se trata de verdadera aleatoriedad o simplemente ingnorancia? Tratemos el tema paso por paso.

Una moneda cae. En principio no podemos saber en qué posición acabará. Lo consideramos aleatorio. Pero no podemos negar que, conociendo cómo rotará, sabiendo la altura, masa y demás características de la moneda y teniendo perfectamente parametrizada la superficie en la que caerá podríamos averiguar la posición final. Es una ecuación, con ingentes cantidades de variables cuyos valores debemos conocer con precisión milimétrica. Pero la conclusión inevitable es que si conocemos el estado inicial del sistema, podemos deducir el estado final.

Dejamos atrás el caso si bien más complejo matemáticamente de la misma dificultad filosóficamente del dado y vamos directos a los fenómenos cuánticos. Como bien se sabe por la divulgación, muchos fenómenos a este nivel son en principio puramente aleatorios. Así, podemos determinar que un átomo tiene un 50% de probabilidades de desintegrarse durante cierto período de tiempo. Pero no podemos averiguar si lo hará ahora o más tarde. Sin embargo, nos asalta la duda: ¿por qué no extrapolar el caso de la moneda a este nuevo aspecto de la materia? Un teórico convencido no dudaría: no hablamos de lo mismo. Sin embargo siempre queda abierta la puerta. No sabremos, al menos hasta que una nueva teoría aparezca, si lo que ahora consideramos pura y perfectamente aleatorio no es más que el producto de una serie de variables cuya complejidad extralimita nuestra triste capacidad de entendimiento y control. ¿Quién sabe qué ocurre dentro de las partículas más fundamentales del universo? ¿Qué interacciones internas, totalmente obviables si consideramos la aleatoriedad, estamos ignorando?

Porque en definitiva, preguntarnos si existe o no la aleatoriedad no es algo trivial. Representa preguntarnos si nuestro mundo es o no determinista, si podemos o no saberlo todo conociéndolo todo en un instante dado (o dos, para los más puristas).

Esto es todo por ahora. En unos días otro fragmento con las implicaciones más filosóficas y menos físicas de la existencia o no de aleatoriedad.

Las tres leyes de la Robótica

Los robots parecen algo de la ciencia ficción. Pero no lo son. Dentro de algunos años todo lo que ahora consideramos irreal será común. Robots de capacidades sorprendentes, capaces de la interacción y del razonamiento. Pero para dominarlos son necesarias normas. Leyes como las de Isaac Asimov:

1.Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
2.Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.
3.Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

Sin embargo estas leyes resultan insuficientes. Imaginemos un robot que, en su lógica, determina que el mejor modo de proteger a los humanos es recluirlos en tanques herméticos de presión y concentraciones ideales, entubados de un modo permanente para alargar máximamente la vida. Podría considerarse que la vida que llevamos provoca nuestra autodestrucción y la de los que nos rodea. Y por tanto, el razonamiento del robot no solo sería correcto en una lógica fría sino que además cumpliría las tres Leyes. Así pues, he diseñado tres leyes, tres leyes que me gustaría comentarais y sobre las cuales sería interesante buscar situaciones incompatibles con su cumplimieto que resultaran negativas en algun modo. Son unas leyes que parten de no buscar el límite sino partir de una limitación de los robots por debajo de sus capacidades. En cualquier caso, aquí las dispongo:

1. Un robot obedecerá siempre la voluntad del sujeto humano objeto de la acción encomendada a ejecutar y optará por la inacción si dicho sujeto no se pronuncia.
2. Un robot optará por la inacción si existe incompatibilidad o conflicto entre las voluntades de los sujetos humanos objetos de la acción a realizar incluso ante la no pronunciación de uno de los sujetos.
3. Un robot siempre obedecerá a un humano a no ser que la acción o inacción de dicho robot entre en conflicto con las dos primeras leyes.

Segun estas tres máximas un robot nunca actuará a no ser que exista consenso entre aquellos individuos que sean objetos de la acción del robot y tampoco actuará sobre alguien que no haya demandado tal actuación de un modo explícito. Si que obedecerá a toda acción que no presente objeto humano excepto si las consecuencias de dicha acción crean una situación en la que un humano es afectado, en cuyo caso se obedecerá la voluntad de dicho último humano a no ser que se contradiga con la de otros humanos afectados. En tal caso el robot permanecerá inactivo.

En definitiva, con esto eliminamos los factores de “protección de la vida” concibiendo los robots como máquinas con propósito de amplio espectro que recibirán ordenes siempre que no ordenen algo contradictorio con la voluntad de otro humano que pueda directa o indirectamente ser afectado por dicha acción. No debemos permitir que la robótica evolucione de un modo de mejorar la vida a uno de acabar con ella.

Estoy abierto a todo tipo de críticas y consideraciones.

Estadística

Cuatro Tres de cada siete entradas catalogadas como Elucubraciones no tienen ningún comentario

[Felicidad]2.0[/Felicidad]

Pro Logos: Escribo esto de un modo espontáneo, al igual que escribo este prólogo. No hay motivo. ¿Tal vez es esa musica que suena de fondo? Puede, y puede que sea otra cosa. Todos sabemos qué es un nudo en la garganta. Pues eso. Como es habitual, se aceptan las críticas.

Había el mundo. El mundo era. Y entonces, como una fulgurante explosión, amaneció el conocer, para algunos el Verbo, para otros la vibración, tal vez el color, independientemente, la inteligencia. Y entonces el mundo se quebró. Apareció la contradicción. Con ella el absurdo. Y al final la desesperación. Y la infelicidad. Aquellas criaturas, simples a la par que intrigantes hasta el infinito, tenían una característica común. Más allá de su nunca vista habilidad, trascendiendo su propia consciencia, esos insignificantes elementos del conjunto universal, se contradecían. Decían lo que no deseaban, hacían lo que no decían, y deseaban lo que no tendrían. Aquellas criaturas eran infelices. Infelices y estúpidas.

¿Tal vez estamos condenados a ser infelices? Todo el mundo (espero) se ha sentido feliz alguna vez, pero ¿por qué nos empeñamos repetidamente en complicarlo todo? ¿Por qué las cosas se ocultan, por qué existe el secreto, por qué existe el fingir, por qué demonios nos comportamos de un modo tan absurdo? Tal vez, como ya he dicho, estamos condenados a ser infelices, o siendo más estrictos, estamos condenados a hacernos infelices a nosotros mismos. Espectativas, sueños, deseos. Nuestras vidas se llenan de contradicciones como llenamos nuestro trastero: sabemos que lo hacemos, y aun así, no ponemos remedio. No podemos.
Sueño con un mundo distinto. Y no hablo de la paz en el mundo, no. Hablo de la reconstrucción de los paradigmas, de la demolición de las conductas sociales y la regeneración. La Liberación. Suguramente hablo de absurdos. Pero no me importa. Al fin y al cabo, al final habrá que hacer como siempre y refugiarse en el consuelo del científico: somos química.

A pasarlo bien.

Violencia en los tebeos

¿Quien no leía de pequeño Tintín? es preciso haberlo hecho, pues si alguien no ha leído Tintín ya puede declararse una persona sin infancia Nos encantaba leer aquellos tebeos en los que, casi sin darte cuenta, aprendías muchísimas cosas (más que en el colegio… por supuesto). Debo reconocer, que actualmente alguna vez aún echo alguna ojeada a algún tebeo de mi colección y, si os digo la verdad, me siguen gustando.

Como todos sabemos, Tintín era “apto para todos los públicos”, y nadie ha protestado nunca contra ello pues como ya dije anteriormente, son divertidos pero a la vez educativos. Ahora bien, nosotros, que somos algo Voltaireanos (que nos oponemos a todo), consideramos que los cómics de Tintín, son algo violentos… en algunos casos, creo que esta violencia es excesiva. A continuación presento dos páginas de Tintín en el Congo en las que podemos observar la violencia a la que están expuesta los niños cuando lo leen.

tintin tintin2

En la primera página observamos como el Tintín es una persona sin corazón, totalmente despiadada. Simplemente, intentando matar un ciervo, se carga a 14 más. En vez de lamentarse, de arrepentirse de lo hecho, dice divertida e irónicamente: De todas formas tenemos asegurada la carne fresca. Eso demuestra la poca sensibilidad que tenía el protagonista hacia los animales, u otros. Podemos deducir pues, que Tintín no era más que un psicópata con ansia de matar.

En la siguiente viñeta, deduciremos como el protagonista no es más que un enfermo mental pues, al ver que no puede dañar al rinoceronte con las balas de su escopeta, decide agujerearlo, y meterle una carga de dinamita. ¿Quien puede tener una idea tan descabellada? ¿Proporcionan realmente los tebeos una buena educación? Yo creo que leyendo Tintín se aprenden muchas cosas, pero cabe reconocer que el chico es un poco rarito, violento y absurdo.

Creo que ya me he rayado lo suficiente por hoy, así que me largo a dormir que mañana hay que madrugar…

P.D: Creo recordar que, Azelath y yo hace años, estuvimos divagando algún rato sobre el tema…

Actualizado: Eckreth denunciaba los actos racistas que se dan en el mismo tebeo de Tintín en el Congo. Os muestro a continuación la página a la cual el hacia referencia.

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Como podemos observar, se manifiesta claramente el racismo del que está dotado el protagonista. No solo da ordenes a los negros mientras el no hace nada, sino que les grita con cara de desprecio mandándolos a trabajar. Nada más que añadir

¿Y por qué?

¿Por qué a la gente no le gustan las matemáticas?

¿Y por qué a nadie le interesa este blog? ¿Y por qué escribo tanta bazofia? Nadie lo sabe…

Optimismo

Vivimos vidas ajenas. Permanecemos estancados, repetitivos e inalterables. Seguimos un juego con sus reglas y sus roles preestablecidos. Y no nos gusta ese juego. No nos gusta nuestro rol, porque no es nuestra vida, sino la vida que se nos ha otorgado.

Interpretaciones, donde siempre.

Pro Logos

Si algo podemos encontrar común en todo humano es la percepción de la brevedad de la vida que se nos concede. Y es igualmente común en los humanos que, en esta corta vida, uno elabore en lo más profundo de de ser una interminable lista de aquello que querría hacer. Y así, heme aquí, en una mentalmente bulliciosa noche, a fecha de seis de enero del año sexto del tercer milenio y con veinte minutos pasados de las dos de la madrugada, tratando de satisfacer, sacando punta penosamente a un deshecho lápiz publicitario bajo la blanquecina luz de un teléfono móvil, uno de los deseos impresos en mi lista personal. Escribir un libro.
No soy un gran narrador, ni un hábil artífice de la palabra. Pero aun así, como todo el mundo, durante mi corta existencia he adquirido percepciones acerca de todo lo que me rodea. Y así, carente de conocimientos previos, trataré de exponer con científica meticulosidad mi parecer acerca de todo aquello opinable.
Así, mi querido lector probablemente inexistente, aquí empieza el final del principio, y ahora acaba el principio de todo lo demás.

El prólogo del libro que tal vez nunca se escribirá

Meditaciones metacarpianas

Sorpréndome a mi mismo abstraído, fija mi mirada en la vacía palma de mi mano. Ante mí, letras, y a mis flancos, libros. Siento la locura que me corroe, autodestrucción consentida con una finalidad elevada. Banales conversaciones en instantáneas mensajerías. Aburrimiento hiriente que alimenta mi desesperación. Cuento con mi pútrida mente los días que restan para mi libertad. Libertad que anhelo, deseo, requiero sin falta. Y es que mi exhausto cuerpo no aguanta más. No más insípidos e inútiles trabajos, no más repetitivos y aborrecibles comentarios críticos. No más.

Éstas son mis meditaciones, y espero sirvan a una causa al menos. Espero den fuerzas a aquellos que emprenden el camino del segundo curso de la educación secundaria voluntaria. Espero que tengan paciencia, pues la van a necesitar. Ahora, me retiro a mi cubículo, destrozado por la impotencia ante la situación. Una situación en la que uno hace lo que no quiere para conseguir lo que quiere. Una situación que veo se repetirá durante toda mi existencia.

El secreto de aburrir a la gente es explicarles todo sobre ti

François-Marie Arouet Voltaire

La ley de Murphy

Partamos de un sistema definido por un espacio finito determinado. En tal espacio coexisten un numero cuasi-infinito de partículas fundamentales independientes unas de otras que interaccionan de un modo físicamente impredecible según el principio de indeterminación de Heisenberg. Una vez definido el espacio donde nos situaremos, proponemos un experimento, al que llamaremos [tex]E[/tex]. Tenemos que para que [tex]E[/tex] se cumpla, deben cumplirse las condiciones [tex]E_1, E_2, E_3[/tex], por poner un ejemplo. Podemos decir entonces también que la probabilidad de que la aleatoriedad del estado del sistema en el que nos encontramos nos lleve a que alguna de estas condiciones no se cumpla es arbitrario: al no poder controlar las partículas, y sabiendo que son virtualmente infinitas, no podemos saber en qué momento las condiciones se cumplen y en qué no.
Partiendo de ahí, podemos inferir entonces que, para un observador interno al menos y dada la infinidad de condiciones posibles, es imposible deducir las probabilidades de éxito de un experimento, así que la próxima vez que os caiga al suelo una tostada con mermelada, no os traumaticéis: tal vez la pobre tostada estaba probabilísticamente destinada a caer sobre el lado de la mermelada.

Nota: Sí, es cierto, me aburro mucho en casa.