Partamos de un sistema definido por un espacio finito determinado. En tal espacio coexisten un numero cuasi-infinito de partículas fundamentales independientes unas de otras que interaccionan de un modo físicamente impredecible según el principio de indeterminación de Heisenberg. Una vez definido el espacio donde nos situaremos, proponemos un experimento, al que llamaremos [tex]E[/tex]. Tenemos que para que [tex]E[/tex] se cumpla, deben cumplirse las condiciones [tex]E_1, E_2, E_3[/tex], por poner un ejemplo. Podemos decir entonces también que la probabilidad de que la aleatoriedad del estado del sistema en el que nos encontramos nos lleve a que alguna de estas condiciones no se cumpla es arbitrario: al no poder controlar las partículas, y sabiendo que son virtualmente infinitas, no podemos saber en qué momento las condiciones se cumplen y en qué no.
Partiendo de ahí, podemos inferir entonces que, para un observador interno al menos y dada la infinidad de condiciones posibles, es imposible deducir las probabilidades de éxito de un experimento, así que la próxima vez que os caiga al suelo una tostada con mermelada, no os traumaticéis: tal vez la pobre tostada estaba probabilísticamente destinada a caer sobre el lado de la mermelada.
Nota: Sí, es cierto, me aburro mucho en casa.

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