Meditaciones metacarpianas

Sorpréndome a mi mismo abstraído, fija mi mirada en la vacía palma de mi mano. Ante mí, letras, y a mis flancos, libros. Siento la locura que me corroe, autodestrucción consentida con una finalidad elevada. Banales conversaciones en instantáneas mensajerías. Aburrimiento hiriente que alimenta mi desesperación. Cuento con mi pútrida mente los días que restan para mi libertad. Libertad que anhelo, deseo, requiero sin falta. Y es que mi exhausto cuerpo no aguanta más. No más insípidos e inútiles trabajos, no más repetitivos y aborrecibles comentarios críticos. No más.

Éstas son mis meditaciones, y espero sirvan a una causa al menos. Espero den fuerzas a aquellos que emprenden el camino del segundo curso de la educación secundaria voluntaria. Espero que tengan paciencia, pues la van a necesitar. Ahora, me retiro a mi cubículo, destrozado por la impotencia ante la situación. Una situación en la que uno hace lo que no quiere para conseguir lo que quiere. Una situación que veo se repetirá durante toda mi existencia.

El secreto de aburrir a la gente es explicarles todo sobre ti

François-Marie Arouet Voltaire

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